"-Me das miedo Jen
-¿ Te doy miedo?
-Y me encanta que me lo des, pero me pone nervioso, y entonces hago alguna estupidez, y luego gasto toda mi energía pensando en cómo parecer perfecto para que no pienses que soy un idiota, pero me sale el tiro por la culata y parezco todavía más idiota. Es un circulo vicioso .
Ahora estoy en la cuerda floja, porque me muero por besarte y siento que si no lo hago pronto voy a explotar"

Dylan


"Yo no tengo esperanzas de futuro, yo solo espero tener suficientes botas para cambiarme."

(Bob Dylan 1965)

La poesía está en las calles

Mañana de domingo, desayuno mientras escucho a un sesudo tertuliano radiofónico que habla como quien dicta sentencia a cerca de la importancia de tener claro lo que se quiere en esta vida, de la necesidad de espabilar a los veinteañeros idiotizados que ocupan las aulas de las universidades en nuestro país.Viene a decir que no nos engañemos, que ya nadie desayuna con diamantes ni vive romances inolvidables, que ya no nos quedará París y que la juventud acomodaticia de hoy en día debería dejar de exigir todo y hacer más.
Me planteo volver a la cama.
Pero no lo hago, decido salir a la calle a pasear esta resaca de campeonato que arrastro, camino y pienso si el eminente sociólogo de la radio tendrá algo de razón, saludo a los vecinos, compro el pan, veo una obra de guiñol, leo la columna de Saramago en el periódico, me encuentro con un viejo amigo que dibuja pentagramas en un banco al sol, cambio cromos repetidos con los niños del parque, escucho a Dylan en mis cascos mientras me salen pecas en la cara, planeo un exilio al extranjero para pensar durante unos meses en otro idioma, y, de repente, la imagen al fondo de la plaza de un señor vendiendo palulú me recuerda que no todo está perdido.
Así que me vuelvo a casa orgullosa de mi generación desorientada, pero informada, vuelvo con una sonrisa, y con más ganas que nunca de cometer mis propios errores, que para eso todavía soy una sub 21.