... búscame en Montauk
Tan bien...
Todavía recuerdo aquel verano, a la edad de nueve años, en el que me costó lo inexplicable aprender a tirarme de cabeza.
“Sin pensar” me decía mi prima (que en esto, como en otras muchas cosas, ya tenía experiencia) y a mi me parecía imposible perder el respeto a esa piscina, que entonces era un océano.
Sin embargo, terminé por dominar la técnica a la perfección, tan bien que viví toda mi adolescencia tirándome de cabeza, tan bien, que empecé a ser yo la que saltaba primero, y sin pensar. Tan bien, que ahora, de vez en cuando, ante todas mis dudas y mis cientos de incertidumbres, sólo trato de volver a aprender a caer de pie.
“Sin pensar” me decía mi prima (que en esto, como en otras muchas cosas, ya tenía experiencia) y a mi me parecía imposible perder el respeto a esa piscina, que entonces era un océano.
Sin embargo, terminé por dominar la técnica a la perfección, tan bien que viví toda mi adolescencia tirándome de cabeza, tan bien, que empecé a ser yo la que saltaba primero, y sin pensar. Tan bien, que ahora, de vez en cuando, ante todas mis dudas y mis cientos de incertidumbres, sólo trato de volver a aprender a caer de pie.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
