y yo que me creía Steve Mcqueen (el origen)




Ahora da igual subir, bajar, estar parado

Viendo volar aviones blancos sobre miSensacional huida en plano largo
Y yo que me creía Steve McQueen...
Yo que intenté volar todos los puentes
Sólo quería mantenerme a salvo en
Días que se escapan de las manos
Corren como coches robados
Días que se escapan de las manos
Noches en colchones prestados
Días que brillan sobre el piso mojado
Me daré una vuelta para verte un rato
bajo la tormenta
Ahora da igual seguir, parar, pasar de largo
Coleccionar retratos que viví
Emocional, sentida en un impacto
La vida es un extracto que perdí
Yo que intenté borrar todas mis huellas
Por no correr detrás de mi pasado en
Días que se escapan de las manos
Noches en colchones prestados
Días que se escapan de las manos
Corren como coches robados
Dias que brillan sobre el piso mojado
Me daré una vuelta,
para verte un rato bajo la tormenta


Quique González

Yo no tengo miedo de volar,
tengo miedo de estellarme.

irony


Habían pasado más de quince días desde que oficialmente la primavera había hecho su llegada.
Él había guardado ya la bufanda de lana en el cajón hasta el año que viene. La tarde anterior, por segunda vez en esa semana, había regado sus plantas de marihuana,esas que a ella tanto le molestaba encontrar escondidas entre sus girasoles. En la universidad, entre optativa y optativa, había optado por salir al césped a tumbarse un rato, renunciando a la sombría cafetería de la facultad, allí dibujó en un cuaderno gafas de sol de distintos colores para evitar los rayos más directos. Hacía días que les había vuelto a prometer a sus amigos que este año, sin duda, irían al Festival de Benicasim, incluso esta mañana, por primera vez desde el curso pasado, en clase se había quedado en manga corta y sus compañeros ya habían abierto todas las ventanas de par en par.
Sin embargo, cuando se sentó en su sofá de ver películas como cada noche y sintió otra vez como todavía no encajaba los besos (por mucho que fuesen de celuloide, por mucho que hubiese visto esa misma escena cientos de veces…) cogió una manta y se preparó para acepta lo que ya sabía; que en su cuerpo, nunca hizo tanto frío como en los últimos tiempos.

¿Es la esperanza un placebo?

Rotuladores como escobas

Sabías que verme con coleta era un signo inconfundible de mi tristeza y sin embargo decidiste pasarlo por alto.
Qué gran error.
Ni si quiera tú podías imaginar lo que aquella noche sucedería. Noche, que ahora todos recuerdan, noche en la que en torno a mi volvieron a aparecer todos mis personajes; mis princesas, mis ranas, cada uno de mis magos, mis borrachines y mis madrastras… Seguro que hubieses sido mucho más atento conmigo si hubieses sabido las consecuencias de tal desaire, porque fue entonces cuando volví a escribir, y cada uno de estos seres tomó forma de nuevo para hablar con metáforas, haciendo irónicas y evidentes alusiones hacia tu persona.Mientras todos hablabais sin parar empecé a escribir, primero en esa libreta medio deshojada que siempre me acompaña, después te escribí en la enciclopedia universal del arte urbano que es la puerta del baño de aquel bar de Malasaña.
Te escribí con bolis y rotuladores de todos los colores, escribí en el suelo con cigarros y cristales rotos, con las cáscaras de las pipas de toda una noche…Luego, ya sola, de camino a casa, tropecé con un par de enamorados que se besaban en plena calle alardeando de su felicidad, me miraron, y supe que me odiaban por no envidiarles, por volver la cabeza, por quitar importancia a ese beso. Lo que ellos nunca sabrán, es que apenas giré la primera esquina, rota, quise escribirte un pequeño gran poema. Te escribí en muros, en todos los escaparates, en los portales de todas las casas por las que pasé. Decoré la metrópoli con nuestras historias disfrazadas en la vida de increíbles personajes. Te escribí en todas las calles -cuyo nombre preferiría evitar – te dediqué frases en pasos de cebra y buzones… hasta que un par de agentes públicos me detuvo acusando a mi poesía de “escándalo público” (escándalos los nuestros- pensé- cuando cerrábamos los bares y nos reíamos de verdad).Me quedé dormida en el coche patrulla leyendo por la ventana toda mi obra literaria de aquella noche, y recuerdo que mis personajes y yo, pasamos la resaca de aquella mañana de Domingo en una comisaría de barrio muy poco acogedora, donde me requisaron mi libreta deshojada y mis rotuladores de colores, como prueba del delito.Al cabo de unas horas, sin más explicaciones, me dejaron marchar. Decidí peinarme antes de irme, esta vez con la coleta todavía un poco más alta. Y mi rebeldía llegó hasta tal punto que antes de salir, con el único bolígrafo que me quedaba, alegué en un baldosín de aquel habitáculo, que el único motivo de mi falta a la justicia había sido reivindicar, denunciar… Declaré con letra temblorosa lo único que yo quería, era un slow with you.