... búscame en Montauk




Porque después de todo... nuestros sueños, no caben en sus urnas.

Caminaron tambaleandose por las calles del centro, compraron pilas a un chino para evitar el cansancio, se contaron verdades, se rieron de la vida...y todos los semáforos en rojo fueron puntos de derroche.
Beethoven dirigió su última sinfonía completamente sordo.

Tan bien...

Todavía recuerdo aquel verano, a la edad de nueve años, en el que me costó lo inexplicable aprender a tirarme de cabeza.
Sin pensar” me decía mi prima (que en esto, como en otras muchas cosas, ya tenía experiencia) y a mi me parecía imposible perder el respeto a esa piscina, que entonces era un océano.
Sin embargo, terminé por dominar la técnica a la perfección, tan bien que viví toda mi adolescencia tirándome de cabeza, tan bien, que empecé a ser yo la que saltaba primero, y sin pensar. Tan bien, que ahora, de vez en cuando, ante todas mis dudas y mis cientos de incertidumbres, sólo trato de volver a aprender a caer de pie.

¿Qué velocidad se puede alcanzar mientras se olvida