Saber Invertir


Ahora que la Torre Picasso ha pasado a manos de Amancio Ortega, me pregunto cuántos de esos 47 pisos habremos financiado yo y mis impulsos.
No puedo evitar imaginarme al dueño del grupo Inditex envuelto en una nube de humo tóxico contando y amontonando, una a una, todas las monedas que saltaron en estampida desde mi monedero las tardes que, harta de trabajar, pensé que un vestido nuevo podría solucionarlo todo, o las veces que su horario me salvó la víspera de innumerables cumpleaños, viajes y bodas.
Supongo, también, que si no fuese tan asquerosamente presumida, sumando todo lo allí invertido, ahora tendría tiempo como para estudiar otra carrera, dinero para un coche, y la conciencia tranquila como para salir a la calle con cualquier cosa.
Me encantaría entrar por sus puertas grandes y luminosas y acordarme de todas las acusaciones de plagio que caen sobre la marca, tener presente su evasión fiscal, los rumores de explotación laboral...pero no puedo. Me acerco a cualquier estantería, (a veces valen incluso las de niños) y la vista se me nubla, siento un enorme vacío en mi armario, empiezo a combinar colores mentalmente hasta buscar mi talla "por curiosidad" y sin darme cuenta, me veo en la fila de la caja preguntándome cómo he vivido hasta entonces sin esa prenda.
Pero, para desesperación de cualquier consejero financiero, yo no me arrepiento de nada, así que desde aquí, le deseo a Amancio que disfrute de su torre tanto como yo lo he hecho cada día que he ido a sus rebajas o cada vez que he estrenado uno de sus bolsos.
Siempre agradecida:
Valeria Morrison

Carta de bienvenida


31.12.2011
20:59
Hola 2012,
por ahora es un placer darte la bienvenida y soy prudente al hablar, no porque desconfíe, sino porque hubo otros de tu especie que se fueron dejando algunos destrozos, y hay cosas que cuesta olvidar...
Tu predecesor, sin ir más lejos, la lió buena. O quizá fui yo, que no le supe tratar, y me dediqué a malgastarle con una equivocación detrás de otra, con mis despistes en cadena... No lo sé, pero el caso es que no llegamos a entendernos y, como en todos los divorcios, los últimos meses fueron terribles.
Aunque no nos engañemos, no es una pesimista quien escribe, es sólo que estoy en horas bajas, casi subterráneas, y desde aquí no se ve con claridad. Pero también he sido yo la que con 2011 en el calendario he cantado en la ducha, me he despertado antes que la alarma del móvil, y he dicho "estoy deseando saber qué pasa en el siguiente capítulo".
Y es que como en todas las separaciones, el final lo marcan los malos momentos, las diferencias, pero con un poco de perspectiva, estoy segura de que de también se hablará de lo bonito. Pues no olvido que 2011 y yo nos conocimos brindando en mi ciudad preferida, que en febrero me subió el sueldo, que me empujo para que me independizase...
No paso por alto que fue él quien me llevó a vivir a una zona en la que se salía cada noche, ni que gracias a él reforcé muchas de mis amistades y descubrí otras.
Y cómo olvidar que fue 2011 quien paradójicamente me le presentó a "él". Cómo no recordarle atento cuando di el primer beso del resto de mi vida, ese que fue como en (mis) películas; en abril, de madrugada, y en Malasaña.
Luego vinieron las hormigas en el estómago, el sudor en las manos, las taquicardias mirando la bandeja de entrada, los debates con mi armario y mis pies de puntillas temblonas.
Enseguida llegaron los viajes juntos, los croisants absorbe resacas de alcohol o de abrazos, las primeras siestas de tele y manta, o el darse la mano... y siempre ha estado èl.
Entre medias, el cambio de aire mail elegido con final infeliz, y mis cientos de errores.
Nunca olvidaré que aquel 2011 me hizo llorar demasiado para ser sólo un año, pero ahora que le veo agonizar, me chupo las heridas y no me sale reprochar nada.
Ya solo queda esperar despierta a que llegues tú, esperado 2012, y empezar a descubrir qué tienes preparado, con qué vienes. Saber si serás tú quien haga de mi una persona de provecho, si contigo me sacaré el carnet de conducir o si estarás cuando por fin me atreva a hablar inglés y pintarme las uñas de rojo sin avergonzarme.
Ojalá que sí, y esperemos que yo sea lo suficientemente inteligente como para vivirte minuto a minuto, disfrutarte, y saber encajar tus giros..
Pasa 2012, siéntate, coge un turrón y empieza a hablar.