Recordar lo que eras, lo que éramos,
es como ver una película de cuando Tom Hanks era Tom Hanks,
y darte cuenta de que todo evoluciona a peor.

Wislawa Szymborska ( Julio 1923 – 1 Febrero 2012 )



Mujer de nombre impronunciable y letras inolvidables.

ESCRIBIR EL CURRICULUM

¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el curriculum.
Sea cual fuere el tiempo de una vida
el curriculum debe ser breve.
Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.
De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.
Importa quién te conoce, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.
Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.
Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.
Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número del calzado, no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.
El paso entre la adolescencia y todo lo demás, se da con gestos como este.

Saber Invertir


Ahora que la Torre Picasso ha pasado a manos de Amancio Ortega, me pregunto cuántos de esos 47 pisos habremos financiado yo y mis impulsos.
No puedo evitar imaginarme al dueño del grupo Inditex envuelto en una nube de humo tóxico contando y amontonando, una a una, todas las monedas que saltaron en estampida desde mi monedero las tardes que, harta de trabajar, pensé que un vestido nuevo podría solucionarlo todo, o las veces que su horario me salvó la víspera de innumerables cumpleaños, viajes y bodas.
Supongo, también, que si no fuese tan asquerosamente presumida, sumando todo lo allí invertido, ahora tendría tiempo como para estudiar otra carrera, dinero para un coche, y la conciencia tranquila como para salir a la calle con cualquier cosa.
Me encantaría entrar por sus puertas grandes y luminosas y acordarme de todas las acusaciones de plagio que caen sobre la marca, tener presente su evasión fiscal, los rumores de explotación laboral...pero no puedo. Me acerco a cualquier estantería, (a veces valen incluso las de niños) y la vista se me nubla, siento un enorme vacío en mi armario, empiezo a combinar colores mentalmente hasta buscar mi talla "por curiosidad" y sin darme cuenta, me veo en la fila de la caja preguntándome cómo he vivido hasta entonces sin esa prenda.
Pero, para desesperación de cualquier consejero financiero, yo no me arrepiento de nada, así que desde aquí, le deseo a Amancio que disfrute de su torre tanto como yo lo he hecho cada día que he ido a sus rebajas o cada vez que he estrenado uno de sus bolsos.
Siempre agradecida:
Valeria Morrison

Carta de bienvenida


31.12.2011
20:59
Hola 2012,
por ahora es un placer darte la bienvenida y soy prudente al hablar, no porque desconfíe, sino porque hubo otros de tu especie que se fueron dejando algunos destrozos, y hay cosas que cuesta olvidar...
Tu predecesor, sin ir más lejos, la lió buena. O quizá fui yo, que no le supe tratar, y me dediqué a malgastarle con una equivocación detrás de otra, con mis despistes en cadena... No lo sé, pero el caso es que no llegamos a entendernos y, como en todos los divorcios, los últimos meses fueron terribles.
Aunque no nos engañemos, no es una pesimista quien escribe, es sólo que estoy en horas bajas, casi subterráneas, y desde aquí no se ve con claridad. Pero también he sido yo la que con 2011 en el calendario he cantado en la ducha, me he despertado antes que la alarma del móvil, y he dicho "estoy deseando saber qué pasa en el siguiente capítulo".
Y es que como en todas las separaciones, el final lo marcan los malos momentos, las diferencias, pero con un poco de perspectiva, estoy segura de que de también se hablará de lo bonito. Pues no olvido que 2011 y yo nos conocimos brindando en mi ciudad preferida, que en febrero me subió el sueldo, que me empujo para que me independizase...
No paso por alto que fue él quien me llevó a vivir a una zona en la que se salía cada noche, ni que gracias a él reforcé muchas de mis amistades y descubrí otras.
Y cómo olvidar que fue 2011 quien paradójicamente me le presentó a "él". Cómo no recordarle atento cuando di el primer beso del resto de mi vida, ese que fue como en (mis) películas; en abril, de madrugada, y en Malasaña.
Luego vinieron las hormigas en el estómago, el sudor en las manos, las taquicardias mirando la bandeja de entrada, los debates con mi armario y mis pies de puntillas temblonas.
Enseguida llegaron los viajes juntos, los croisants absorbe resacas de alcohol o de abrazos, las primeras siestas de tele y manta, o el darse la mano... y siempre ha estado èl.
Entre medias, el cambio de aire mail elegido con final infeliz, y mis cientos de errores.
Nunca olvidaré que aquel 2011 me hizo llorar demasiado para ser sólo un año, pero ahora que le veo agonizar, me chupo las heridas y no me sale reprochar nada.
Ya solo queda esperar despierta a que llegues tú, esperado 2012, y empezar a descubrir qué tienes preparado, con qué vienes. Saber si serás tú quien haga de mi una persona de provecho, si contigo me sacaré el carnet de conducir o si estarás cuando por fin me atreva a hablar inglés y pintarme las uñas de rojo sin avergonzarme.
Ojalá que sí, y esperemos que yo sea lo suficientemente inteligente como para vivirte minuto a minuto, disfrutarte, y saber encajar tus giros..
Pasa 2012, siéntate, coge un turrón y empieza a hablar.


Qué miedo da volar sólo.

(Torino 2011)

Ella prefería amar como los faquires, como los mafiosos, como los equilibristas, como lo héroes de cómic: sin miedo


Este domingo cantó en Madrid Cyndi Lauper, y yo, me he sentido una traicionera por no ir a verla.
Hace tanto tiempo que quería darle las gracias por lo feliz que he sido cada vez que he cantado su Girls Just Wanna Have Fun... que me he visto como una desagradecida de emociones.

miedo

(Del lat. metus).

1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Lo agotador de mis días


Madrugar
Ir en busca de atrezzo
Recibir un millón llamadas
Responder dos millones de emails
Esquivar unas cuantas miradas
Caminar bajo el sol de vuelta a casa
Hacer de ella algo habitable
Acordarme de mi
Ser simpática a partir de las 10:00 p.m
Pensar tanto en ti (como una idiota)

vergüenza

Abro esa terrible red social que nos ha enganchado a todos, con su estética de plaza de pueblo, con todas sus caritas ordenadas, mirándome atentas...y apareces tú, con una foto algo mejorada y un cartelito que dice "gente que tal vez conozcas"

Yo, que creo que todavía me quedan unos mil millones de años para conocerte, me quedo parada, y me siento como cuando la cotilla de la clase te preguntaba en público si te gustaba el chico de al lado...

Así que en el 2011, como entonces, no sé que contestar.


Me pregunto si querrás ser mi amigo






Cada tarde de aburrimiento, cada día de frío, cada alarma del despertador, cada apunte en la agenda..hemos salido a buscarte, hemos soñado contigo.
Bienvenido verano
Mi despiste llega hasta tal punto que, a veces, confundo la lista de la compra con la carta a los Reyes Magos.







Esta mañana, haciendo limpieza en mi mesa, ha aparecido esto:


no veas qué escalofrío.

El Fin de una Generación




Termina una era y una forma de adolescencia. Hoy ha muerto una parte importante de la picardía de las niñas del futuro. Se acaba el bajar al kiosco un lunes sí y otro no con las 225 pesetas de entones (y lo que fuese ahora) para descubrir su nueva portada. Lamentablemente nuestras hijas ya no lucirán esos uniformes mensuales en forma de pegatinas para las carpetas, colgantes con símbolos de la paz, o pulseras-de-la-suerte-y-bienvenida-a-la-primavera.
La verdad es que no me imagino cómo habría sido mi cuarto entre los 12 y los 15 sin esos pósters centrales llenos de sonrisas perfectas y poses forzadas, y no me puedo creer que se vaya a perder esa complicidad entre amigas pasándose la manoseada revista de mesa en mesa, o turnándosela durante el recreo en función de la página que tocaba: “La foto firmada de Leonardo Di Caprio para Natalia, la entrevista de Mel C que la lea Ana, y se la quede Laura, el test de Brad Pitt que se lo estudie Ire, la pegatina de Tom Cruise para Bea, la chapa con la cara de Bon Jovi es de Vicky y el póster de Mark Owen para mi”
Me pregunto dónde irían a parar todos esos ejemplares que los profesores confiscaron por tratarse de una lectura “poco adecuada para nuestra edad” y qué habrá sido de muchos de los protagonistas de entonces, hoy ya olvidados.
Supongo que este, no es más que un nuevo paso de la era digital, que ahora los profesores están demasiado ocupados coleccionando teléfonos móviles y que, teniendo Facebook, camuflar a Nick Carter entre el libro de mates ya carece de toda emoción. Las niñas de hoy en día manejan demasiado bien las tecnologías como para esperar a que cada 15 días les digan qué hacen los East17 de hoy, si ellos mismos lo cuentan minuto a minuto en Twitter…
Se acaba una generación que demostraba leer la revista de principio a fin, pero que aseguraba saltarse las páginas de educación sexual y los consultorios sentimentales porque, ya entonces, creíamos saberlo todo sin haber probado nada.
Con ella termina una época y unos recuerdos que pocas nos atrevemos a airear ahora que tenemos una imagen que mantener pero que yo, personalmente, conservo con la ternura que se guardan las fotos de las excursiones del colegio.
Gracias por tantos vergonzosamente buenos momentos Super-Pop.
Descanse en paz.

No entiendo nada, y el botón "help" siempre es mentira.


“Situado en pleno centro, vacío, totalmente restaurado,  sin amueblar, muy luminoso después de las últimas reformas, con ascensor hasta el cielo y calefacción centralizada”
Así se anuncia mi corazón en el Segunda Mano de esta semana.

Mis amigas y yo: valientes saltadoras sin red
Ni abrazar, ni quitarme la camiseta, ni sonreir a los ojos, ni despeinarme, ni bucear en un edredón de Ikea, ni recorrer una espalda ajena, ni decir "buenas noches" y mucho menos "buenos días" o desayunar viendo la tele. Ni siquiera mantener un equilibrio adecuado mientras me marcho o pronunciar una despedida perfecta...
Hay demasiadas cosas que todavía no se hacer sin que se me arremolinen los sentimientos, y lo que es peor, no estoy segura de querer aprender.



...y aunque todos se reían, ella siguió saltando.

...dejé el móvil en todas las mesas y barras en las que estuvimos intentando, con todas mis fuerzas, perderlo y así (por lo menos) quedarme con la duda de si me habrías llamado.